Y sin demasiada serenidad, con la anarquía y el desorden que a disgusto, encontré en mi vida durante las cinco últimas madrugadas de marzo. Cogí la maleta, mis zapatos rojos y un avión a Londres.
La gente habla de la soledad, como un estrago, me asusta pensar que el aislamiento suponga un achaque para esta humanidad que vive el siglo de la comunicación. Nos asfixiamos y sin embargo, poco tiene que ver el calentamiento global con la asfixia que figura en muchos historiales médicos, asfixia que titulados con bata blanca, tiñen, dándole nombres más “ técnicos”, sí, así lo llaman.
Pensaba en todo lo que se pierde la gente, ingenua, se pierden placeres de la soledad, como mirar Madrid, Madrid azul oscuro, casi negro, mirar mi ciudad, mientras, una descarga eléctrica, hacía que la independencia creciera a cada metro que aquel Airbus A320-214, se alejaba de la corteza terrestre, como diría un gran tipo, “viajar es de puta madre”.
Pensaba en todo lo que se pierde la gente, ingenua, se pierden placeres de la soledad, como mirar Madrid, Madrid azul oscuro, casi negro, mirar mi ciudad, mientras, una descarga eléctrica, hacía que la independencia creciera a cada metro que aquel Airbus A320-214, se alejaba de la corteza terrestre, como diría un gran tipo, “viajar es de puta madre”.
Llegué tarde, y cogí un taxi hasta Orange street, en el Soho, tenía reservada una habitación en una casa de ladrillo rojo, que Miss Alyssa, de unos 60 años, me alquilaba en cada escapada a Londres. Siempre hacíamos el mismo ritual, yo iba a recoger las llaves al café de la acera de enfrente, y ella, una de las mujeres más asequibles y divertidas que conozco, me dejaba una carpeta llena de panfletillos sobre teatro, conciertos, sitios interesantes, y un libro, siempre un buen libro.
Salí a olisquear el asfalto londinense, es increíble lo poco que cuesta y lo mucho que gusta desnudar al mundo, colonizar ‘avenues” en un improviso, despreocuparse, deslizarse por las calles, entrar en un club de jazz, bailar, desenmascararse, escuchar un “ i think, she’s not from here”. Es divertido cautivar a Roy, sí joder, es muy divertido, de pronto notas que el aliento es lo único que cabe, entre él y tú. “Yo me recreo, el se recrea, nosotros nos recreamos.”( modo indicativo: modo de lo real y lo objetivo, " la situación es más bien subjetiva, sin embargo, espero que él sea real")
Resulta ser sorprendente, es fotógrafo , estoy aturdida y él imprudente esta bailando, no me he dado cuenta, pero ahora yo también bailo. Me pregunta con un inglés que suena demasiado bien, de dónde vengo, yo respondo que no tengo ni idea de a dónde voy. Se ríe.
Resulta ser sorprendente, es fotógrafo , estoy aturdida y él imprudente esta bailando, no me he dado cuenta, pero ahora yo también bailo. Me pregunta con un inglés que suena demasiado bien, de dónde vengo, yo respondo que no tengo ni idea de a dónde voy. Se ríe.
así fue como conocí a Roy.
