Como en un thriller autóctono nos colamos en la bella Italia, haciendo nuestra particular interpretación de lo que es la “libertà”, una divina comedia adaptada, 20 días que ahora, me gustaría pintar en color blanco, dorado y azul, el azul de esas noches romanas capaces de seducir, noches nuestras, garitos que los miércoles apostaban por el sonido retro, noches de trastévere, noches de conversación en terrazas, noches a flor de piel. Ingleses variopintos, divos italianos, norteamericanos bohemios, franceses que parecían sastres, y compatriotas que bailaban caprichosos bajo las estrellas. Dormimos en barrios periféricos, a veces, horrendos, nos encontramos con algún Mussolini con aires de Augusto Contemporáneo que nos tacho de locas, sabiendo que en el fondo, éramos jóvenes. Yo me enamoré de las mañanas en el tren, de nuestra propensión a saltarnos los semáforos en rojo, de toda aquella ‘famiglia’, toda aquella buena gente que nos cruzamos, y de lo bonito que es a veces sentir la complicidad de un desconocido en primera persona.
El “parla spagnolo?”pronto se convirtió en un “ capisco”, y casi sin darnos cuenta empezamos a pronunciar el “ come ti chiami?”.
Llegó el 20 de julio y con el 20 llegó también un inesperado “ il treno è in ritardo” lo cual, conseguimos traducir al español como “ nos quedamos en Italia”.
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