domingo, 27 de noviembre de 2011

wild



Sólo le hizo falta apoyarse en la barra izquierda de los cañeros para llamar mi atención. Si aquella rubia supiese lo que pensé al verla….si supieses lo que pensé al verte allí Pepa.

- dos cañas por favor – ( sonríes al coger la piruleta)
- gracias…

Entonces sales del bar, empieza a llover, salgo detrás de ti a limpiar las mesas de la terraza, aunque lo hago con cuidado para que no te des cuenta. Por aquel entonces yo trabajaba de camarero. Dejo la bandeja en la mesa 11 y me quito el delantal, te pido fuego y me voy…

Termino mi turno, recojo mis cosas y salgo a la calle, rezando por que no te hubieras ido, cuando veo tu trenza rubia me dan ganas de pegar un grito, - contrólate campeón- , te giras un poco, y entonces sueltas una carcajada, dos ingleses hablaban contigo y con tu amiga… y yo pienso en mandar a esos ingleses a la mierda y besarte. Por supuesto, no me atrevo. Pasa un rato…. Yo hago tiempo como un gilipollas y veo el último hueco libre bajo el toldo para evitar la lluvia, cuando estoy a un paso de llegar, entonces llegas tú, la chica de los ojos verdes y me lo quitas.

-¡oye chica, me has quitado el último sitio!

Tú sonreíste y después hablamos y conseguí apuntar tu móvil en mi mano izquierda.
De repente echas a correr hacia la playa, y yo te sigo, te sigo como un loco, como un enfermo, ebrio de felicidad, cegado por tus movimientos, desazonado por esa chaquetilla roja con galones que ondea por encima de nuestras cabezas, desorientado por tu luz, y luego ya sabes, los dos nos titulamos con el grado en desvestirse antes de tiempo y vestirse siempre tarde…. te vuelvo a mirar con detenimiento y ahí estas , con tu sonrisa de niña buena, luego bailamos, amanece, tu pelo en mi cara, mi mano en tu pelo y esa sensación de “ nunca me fío de nadie, pero esto…. no lo entiendo”



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